En la literatura encontramos el recurso literario de la sinestesia y que consiste en unir dos imágenes o sensaciones procedentes de diferentes dominios sensoriales para enriquecer la descripción de un objeto, una persona o un fenómeno. Un recurso iniciado ya a la Antigüedad Clásica, con Virgilio, y ampliamente desarrollado en los siglos XIX y XX por autores como John Keats, Percy Bysshe Schelley, los simbolistas Arthur Rimbaud ((POETASDELFINDELMUNDO. “El poeta maldito: Arthur Rimbaud retratado por Paul Verlaine” en Poetas del fin del mundo. [En línea] http://poetasdelfindelmundo.com/2016/06/20/arthur-rimbaud-los-poetas-malditos-paul-verlaine/ [Consulta 1-08-2017])), Paul Verlaine ((PUEYO, Carlos M. “De Verlaine a Darío: en torno a los sentidos. Nuevas consideraciones” en Actas XV Congreso AIH, (Vol. IV). [En línea] http://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/15/aih_15_4_055.pdf [Consulta 1-08-2017])) o Charles Baudelaire ((Baudelaire desarrolla ampliamente la sinestesia en su teoría de las correspondencias. Considera que el poeta es un hombre con algo de divino capaz de descifrar “el bosque de símbolos” en el que vivimos, las «confusas palabras» que nos rodean y de establecer relaciones, o correspondencias sinestésicas ad infinitum entre las cosas más dispares. En su poema Correspondencias incluido en su libro Las flores del Mal (1857) afirma: «los perfumes, los colores y los sonidos se responden«. CALERO HERAS, J. Literatura Universal. Bachillerato. Barcelona, Octaedro, 2009, tema 9, «Posromanticismo», pp. 163-168 i 172-182.)); o los poetas del modernismo literario como Rubén Darío ((PUEYO, Carlos M., Op. Cit.)) o del realismo mágico como Gabriel García Márquez que escribe en Cien años de Soledad: “Y luego un hondo silencio oloroso a flores pisoteadas» ((JAR, Nuria. El jueves es verde tirando a amarillento. 200 años del primer caso documentado de sinestesia. [En línea] http://www.agenciasinc.es/Reportajes/El-jueves-es-verde-tirando-a-amarillento. [Consulta 27-07-2017])).

Este recurso literario parece haberse trasladado al habla coloquial. Así cuando decimos “María es muy dulce o muy tierna” estamos realizando una sinestesia literaria y atribuyéndole a María (imagen) o a su voz (sonido) unas cualidades propias del sentido del gusto. Existe una gran diferencia respecto a la sinestesia perceptiva: cuando una persona sinestésica dice “María es muy dulce” es porque cuando contempla la imagen de María percibe simultáneamente el sabor dulce, experimenta la percepción de la dulzor asociada a la imagen de María ((CALLEJAS, A. i LUPIÁÑEZ, J. Sinestesia. El color de las palabras, el sabor de la música, el lugar del tiempo. Madrid, Alianza Editorial, 2012, pp. 71-72)). Esta sinestesia literaria puede acabar generando lo que se denominan asociaciones culturales o metáforas sensoriales cuando es socioculturalmente aceptada y generalizada. Unas asociaciones culturales que no son tampoco sinestesia porque no suponen una experiencia subjetiva asociada a la percepción. Es decir, si le preguntamos a alguien qué color le sugiere la palabra “plátano” o “pena” será bastante habitual que conteste “amarillo” y “negro”. Pero realmente no percibe el amarillo cuando lee la palabra “plátano” ni negro cuando lee “pena”. Esta es una metáfora sensorial o asociación cultural. La sinestesia, además, es mucho más idiosincrásica y aleatoria que las asociaciones culturales ((Ibid pp. 72-73)).
Cuando una persona sinestésica describe literariamente las percepciones que tiene de la realidad parece que esté usando una gran cantidad de sinestesias literarias o metáforas sensoriales pero no es así, lo que hace es describir la realidad tal y como ella la ve y la siente, describirla de una forma absolutamente natural. Así describe Josefa Salas Vilar un despertar suyo:
“Está amaneciendo, siento una gran A a mi alrededor que acaricia mis ojos cerrados, es la luz. Permanezco unos minutos inmóvil en la cama, recordando los sueños de la noche anterior, y organizando el día mentalmente, pero me quedo dormida. Pronto me despiertan los silbidos de las golondrinas, son como pequeños remolinos acuosos y metálicos que hacen cosquillas en mi estómago. Las campanas de la Iglesia retumban en ondas grises que se expanden y chocan entre elles con las formas de la siguiente campanada. Dan las nueve. El nueve es azul Prusia, es de naturaleza masculina, eso sí, tiene una generosidad femenina incondicional y un halo de misterio heredado de los antiguos reinos árabes… Un perro lanza unos interrumpidos grandes rombos en azul ultramar a un coche que pasa cerca, llevándose sus propios sonidos de líneas verdes y amarillas, brillantes, serpenteantes, que se van empequeñeciendo y se alejan. Ya estoy totalmente despierta y escucho cerca de mí los aburridos Pardos monocromos pasos del tictac del despertador. En mi estómago, siento unos conos verdosos invertidos que me pinchan, tengo hambre. Salto de la cama rápidamente, por que he recordado que hoy salgo de viaje” ((Descripción de Josefa Salas Vilar, pintora que utiliza su sinestesia como fuente de inspiración artística. http://josefasalasvilar.blogspot.com/ y http://www.flickr.com/photos/trescientoscuatro/sets. Ibid pp. 23-24.))



